Una semana después de la fecha oficial del Día Internacional de la Mujer, las calles de Bogotá se llenaron de voces, colores y consignas. El pasado 15 de marzo, miles de mujeres salieron a movilizarse en una jornada convocada por colectivos y organizaciones sociales, que había sido aplazada debido a las elecciones del 8 de marzo.
Desde tempranas horas, el punto de encuentro en la estación de TransMilenio Minuto de Dios se convirtió en un escenario de encuentro y expresión. Pancartas, pañuelos morados y verdes, tambores y arengas acompañaron el recorrido que avanzó por las calles de Engativá hasta el parque Villa Luz, en una caminata colectiva que reunió a mujeres de distintos sectores de la sociedad.
En la movilización participaron colectivas feministas, organizaciones sociales, estudiantes, trabajadoras y personas LGBTIQ+, quienes marcharon bajo una consigna común: “Por la justicia de los cuidados y condiciones de vida digna”. Este llamado puso en el centro una de las principales deudas históricas: el reconocimiento del trabajo de cuidado no remunerado y las desigualdades estructurales que enfrentan las mujeres en el país.
Las cifras que motivaron esta movilización reflejan una realidad persistente. De acuerdo con el DANE, las mujeres dedican en promedio 7 horas y 35 minutos diarios al trabajo de cuidado, mientras que los hombres destinan 3 horas y 12 minutos. En contextos rurales, esta carga puede alcanzar casi 9 horas diarias, y el 90 % de las mujeres sostiene su hogar sin recibir remuneración.
A estas brechas se suman otras desigualdades: el desempleo femenino se ubica en 11,4 %, frente al 7 % en hombres, y solo el 12 % de las mujeres logra acceder a una pensión, según datos de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes. Además, la violencia sigue siendo una realidad alarmante: cada hora, 12 mujeres son agredidas en sus hogares, 14860 fueron sido víctimas de violencia intrafamiliar y más de 15700 de violencia sexual en el 2025 según cifras de la Defensoría del Pueblo.
Durante la jornada, las voces de las participantes coincidieron en la necesidad de avanzar hacia una sociedad más justa, donde se reconozcan los derechos de las mujeres en toda su diversidad, incluyendo a aquellas con orientaciones sexuales e identidades de género no hegemónicas, quienes también enfrentan múltiples formas de violencia y exclusión.
Más allá de la movilización, este tipo de espacios se consolidan como escenarios de memoria, resistencia y construcción colectiva, donde las mujeres visibilizan sus luchas, comparten experiencias y exigen transformaciones reales en lo social, económico y político.
La conmemoración del 8M en Bogotá dejó un mensaje claro: la igualdad no es una consigna, es una tarea urgente y colectiva, que requiere del compromiso de toda la sociedad para garantizar condiciones de vida dignas, el reconocimiento del trabajo de cuidado y una vida libre de violencias para todas las mujeres.

