Durante el cuatrienio, la Unidad Solidaria ha acompañado a organizaciones, productores, jóvenes y comunidades del Huila en la construcción de redes asociativas, el fortalecimiento de sus capacidades y la apertura de nuevas oportunidades económicas. El proceso demuestra que el desarrollo territorial también nace de la confianza, la ayuda mutua y el trabajo colectivo.
En el Huila, la economía solidaria tiene el aroma del café recién tostado, la fuerza de las manos campesinas y la determinación de comunidades que aprendieron que trabajar juntas les permite llegar más lejos.
Detrás de cada asociación, cooperativa o emprendimiento comunitario existen familias que cultivan, transforman y comercializan los productos de la región. También hay jóvenes que buscan oportunidades para permanecer en sus territorios, mujeres que lideran proyectos productivos y organizaciones que protegen el agua, la tierra y los saberes locales.
Durante el actual cuatrienio, la Unidad Solidaria ha recorrido este territorio acompañando a sus organizaciones, escuchando sus necesidades y promoviendo espacios para que puedan reconocerse, articularse y construir propósitos comunes.
Este proceso parte de una idea esencial: fortalecer la economía solidaria no significa únicamente apoyar actividades productivas. También implica fortalecer los vínculos entre las personas y organizaciones que la conforman.
La confianza como punto de partida
Cuando varias organizaciones trabajan en un mismo territorio, no siempre significa que estén conectadas. En ocasiones producen bienes similares, enfrentan las mismas dificultades o necesitan los mismos servicios, pero desarrollan sus actividades de manera independiente.
Una de las principales tareas impulsadas por la Unidad Solidaria en el Huila ha sido propiciar esos encuentros.
En las jornadas de formación, mesas de trabajo y visitas territoriales, productores y representantes de organizaciones han podido conversar sobre sus capacidades, reconocer problemas comunes y proyectar alternativas conjuntas.
De estas conversaciones surgen preguntas prácticas: ¿es posible comprar insumos colectivamente?, ¿cómo reducir los costos de transporte?, ¿qué productos pueden transformarse en el territorio?, ¿cómo abrir nuevos canales de comercialización?, ¿qué pueden aportar los jóvenes a las organizaciones?
Las respuestas comienzan a aparecer cuando las personas dejan de observarse como competidoras y empiezan a reconocerse como posibles aliadas.
El acompañamiento de la Unidad Solidaria busca precisamente consolidar esa confianza. La entidad aporta formación, orientación técnica y herramientas para que las organizaciones fortalezcan su funcionamiento interno, mejoren sus capacidades productivas y construyan redes sostenibles.
Una alianza construida con el territorio
Para ampliar el alcance del proceso, la Unidad Solidaria ha trabajado junto con la Asociación de Cooperativas y Empresas Solidarias del Huila, Asocooph, una organización con conocimiento y trayectoria en el sector cooperativo regional.
Esta alianza ha permitido desarrollar acciones de promoción de la cultura solidaria, asistencia técnica, fortalecimiento socioempresarial y articulación de organizaciones en diferentes municipios.
La participación de un aliado regional como Asocooph permite que el acompañamiento dialogue con las particularidades del Huila.
No es lo mismo fortalecer una organización cafetera en la zona rural que acompañar una iniciativa juvenil, ambiental, turística o comunitaria. Cada proceso tiene su propia historia, sus conocimientos y sus desafíos.
La Unidad Solidaria orienta estas acciones desde el respeto por esa diversidad, entendiendo que el fortalecimiento no puede imponerse desde afuera, sino construirse con las comunidades.
El Circuito Asociativo Solidario Ecorregión Tatacoa
Uno de los procesos representativos de esta estrategia es el Circuito Asociativo Solidario Ecorregión Tatacoa, pensado como una red para integrar organizaciones y actividades productivas alrededor de las capacidades económicas, sociales, culturales y ambientales del territorio.
En su jornada de socialización, realizada en el municipio de Tello, participaron aproximadamente 120 personas pertenecientes a 40 organizaciones. El encuentro permitió presentar los componentes del circuito y comenzar a reconocer las posibilidades de articulación existentes.
Un Circuito Asociativo Solidario conecta organizaciones para que puedan trabajar alrededor de objetivos comunes. No obliga a que todas desarrollen la misma actividad; aprovecha sus diferencias para crear relaciones de cooperación.
Una asociación campesina puede producir alimentos. Otra organización puede encargarse de la transformación. Un emprendimiento juvenil puede contribuir con estrategias digitales, mientras una iniciativa turística ayuda a visibilizar los productos y conocimientos del territorio.
La Unidad Solidaria acompaña la identificación y consolidación de esas conexiones. Su intervención busca que los circuitos no se limiten a encuentros ocasionales, sino que evolucionen hacia redes capaces de generar proyectos, intercambiar productos, fortalecer la comercialización y representar los intereses de sus integrantes.
Productores con mayor capacidad de decisión
Buena parte de la economía huilense se sostiene en el trabajo rural. Sin embargo, quienes producen los alimentos suelen enfrentar dificultades para acceder directamente a los mercados y obtener una remuneración justa.
Cuando los productores trabajan de manera aislada, tienen menor capacidad para negociar precios, adquirir tecnología o transformar sus materias primas. La organización solidaria permite compartir costos, sumar volúmenes de producción y crear estrategias colectivas de comercialización.
Por esta razón, el acompañamiento de la Unidad Solidaria no se concentra exclusivamente en aumentar la producción. También busca fortalecer la capacidad de las organizaciones para planear, administrar sus recursos, tomar decisiones democráticas y participar en nuevos circuitos comerciales.
El propósito es que los productores puedan avanzar en la cadena de valor y no tengan que limitarse a vender materias primas. Transformar, empacar, crear marcas y acceder directamente a los consumidores son pasos fundamentales para que una mayor parte de los ingresos permanezca en las comunidades.
Jóvenes que encuentran oportunidades en su territorio
La participación juvenil constituye otro elemento central. En muchas zonas rurales, los jóvenes deben elegir entre permanecer en sus comunidades con pocas oportunidades o migrar hacia las ciudades.
La economía solidaria puede ofrecer una alternativa.
Los jóvenes aportan conocimientos tecnológicos, nuevas formas de comunicación, innovación productiva y una mirada diferente sobre la comercialización. Al mismo tiempo, las organizaciones les permiten conectarse con los saberes de las personas mayores y participar en procesos con identidad territorial.
El acompañamiento de la Unidad Solidaria promueve esta integración generacional. El reto no consiste únicamente en invitar a los jóvenes a las reuniones, sino en permitir que tengan voz, asuman responsabilidades y participen en la toma de decisiones.
Cuando una organización abre espacio para nuevas generaciones, protege su continuidad y renueva su capacidad para responder a los cambios del entorno.
Una economía que también cuida
En el Huila, fortalecer la asociatividad también significa proteger el territorio. Las organizaciones solidarias participan en actividades relacionadas con la agricultura, el turismo comunitario, la producción de alimentos y el cuidado de los ecosistemas.
Por eso, la Unidad Solidaria y Asocooph se han vinculado a iniciativas ambientales como la protección del río Magdalena y la consolidación de modelos económicos que reconozcan la importancia del agua y la biodiversidad.
La economía solidaria propone una relación distinta con el desarrollo: producir sin destruir las fuentes de vida, generar ingresos sin desconocer a las comunidades y distribuir los beneficios de una manera más equitativa.
Este enfoque convierte a las organizaciones en actores económicos, pero también en guardianas de sus territorios.
Acompañar para que las organizaciones permanezcan
La creación legal de una organización es apenas el comienzo. Su permanencia depende de la confianza entre los asociados, la transparencia en las decisiones, el cumplimiento de los compromisos y la construcción de una actividad económica sostenible.
Por esta razón, el acompañamiento de la Unidad Solidaria comprende diferentes dimensiones:
• Formación en principios y valores de la economía solidaria.
• Fortalecimiento administrativo y socioempresarial.
• Promoción de la participación democrática.
• Articulación entre organizaciones e instituciones.
• Construcción de circuitos asociativos y redes comerciales.
• Identificación de oportunidades para productores y jóvenes.
• Protección de los saberes y recursos del territorio.
Cada una de estas acciones busca que las organizaciones desarrollen capacidades propias y puedan continuar creciendo aun después de finalizar una intervención o convenio.
La Unidad Solidaria no sustituye el liderazgo comunitario. Lo reconoce, lo acompaña y contribuye a que encuentre mejores condiciones para desarrollarse.
El reto continúa
Los avances alcanzados durante el cuatrienio han permitido fortalecer la cultura solidaria y consolidar nuevos espacios de articulación en el Huila. Sin embargo, el trabajo no termina aquí.
El desafío es mantener vivas las redes construidas, ampliar los canales de comercialización, vincular a más jóvenes y garantizar que las organizaciones continúen actuando alrededor del bien común.
También será necesario profundizar la articulación entre el Gobierno nacional, las administraciones territoriales, el sector cooperativo, las universidades y las comunidades. La sostenibilidad de estos procesos depende de que las alianzas puedan mantenerse y responder a las necesidades reales del territorio.
En el Huila, las semillas de la cooperación ya fueron sembradas. Algunas se transformaron en organizaciones más fuertes; otras comenzaron a convertirse en redes productivas y circuitos asociativos.
Ahora corresponde continuar cuidándolas.
Porque cuando las comunidades se organizan, fortalecen sus vínculos y reciben un acompañamiento institucional respetuoso, la economía solidaria deja de ser únicamente un modelo económico. Se convierte en una manera de permanecer en el territorio, proteger la vida y construir colectivamente el futuro.

