Enviado por alejandro el
9 de Septiembre del 2026
“Organizados somos más”: el camino del TCAM hacia una economía propia

Wilson Ordóñez, campesino del municipio de Albán y miembro de la Junta de Gobierno del Territorio Campesino Agroalimentario del Macizo Norte de Nariño y Sur del Cauca, habla sobre el nacimiento de COOMUTCAM, el proceso organizativo que lo hizo posible y las expectativas que tienen las comunidades frente a esta nueva etapa.
La constitución de la Cooperativa Multiactiva para la Vida Digna en el Territorio Campesino Agroalimentario del Macizo Norte de Nariño y Sur del Cauca (COOMUTCAM) marca un nuevo momento para las organizaciones que integran este territorio. El proceso reúne años de organización comunitaria, defensa del territorio y búsqueda de alternativas económicas construidas desde las propias comunidades.
Wilson Alveiro Ordóñez Gómez es campesino de Albán, Nariño. Produce café, limón y aguacate en pequeñas parcelas y desde hace varios años participa en el proceso del Territorio Campesino Agroalimentario del Macizo. Desde allí ha acompañado el trabajo de sensibilización y organización de las comunidades y, ahora, hace parte del grupo de consejeros de la cooperativa recién constituida.
¿Qué es el Territorio Campesino Agroalimentario del Macizo y qué representa para las comunidades que lo integran?
El TCAM es una juntanza de territorios. Son 16 municipios: dos del sur del Cauca, Mercaderes y Florencia, y 14 de las subregiones de las cuencas de los ríos Mayo y Juanambú.
Lo que nos une es un propósito colectivo: la defensa, el cuidado y la protección de nuestros territorios, y todo gira también alrededor del cuidado del agua.
Nos organizamos respetando las diferentes ideologías, razas, religiones y credos. No buscamos imponer una visión sobre otra. Tenemos un propósito común y es conservar nuestros territorios, producir alimentos y garantizar condiciones para una vida digna de los campesinos.
En ese camino aparece el cooperativismo. ¿Por qué encontraron allí una alternativa para fortalecer este proceso?
Nosotros hemos entendido que, si no nos organizamos y no nos juntamos, somos más débiles. Si somos uno o dos, es más fácil que cualquier adversidad o amenaza nos pueda vencer.

Primero nos juntamos como TCAM y, después, vimos en el cooperativismo una opción viable para fortalecer nuestra economía propia. La cooperativa es uno de esos sueños que teníamos dentro del territorio.
Hoy tenemos la posibilidad de organizarnos para que nuestros productos puedan llegar a otros mercados. Somos una región productora de alimentos y tenemos café, cacao, gulupa y otros productos que pueden comercializarse, incluso fuera de la región. Pero muchas veces, cuando uno quiere comercializar, le exigen estar organizado, tener una estructura que permita desarrollar esos procesos.
Por eso decidimos constituir una cooperativa multiactiva.
¿Qué papel ha desempeñado usted en ese proceso?
Principalmente, un papel de sensibilización. Hemos buscado sensibilizar a las diferentes organizaciones y comunidades sobre la importancia de organizarnos, de cuidar lo nuestro y de permanecer en el territorio.
Yo creo que también hay que decirles a los jóvenes que vale la pena ser campesino, que ser campesino no es sinónimo de sufrir. Hay dificultades, claro, pero también hay una vida digna en el campo.
Ser campesino es un orgullo. Cultivar la tierra vale la pena. Y si queremos que los jóvenes se queden, tenemos que mostrarles una ruta, un camino y oportunidades.
¿Qué significa, entonces, hablar de una “economía propia” para estas comunidades?
Significa tener la posibilidad de construir nuestras propias alternativas. Nosotros hablamos de gobierno y economía propios.
La cooperativa puede ayudarnos a generar capitales propios, fortalecer la comercialización y hacer intercambios dentro y fuera de la región. Pero no se trata solamente de tener dinero. Queremos que los procesos productivos sean sostenibles, que haya resiliencia y que exista un compromiso con el territorio.
Si en algún momento tenemos recursos suficientes, queremos que una parte pueda invertirse, por ejemplo, en conservación y preservación ambiental. También queremos fortalecer la educación, porque creemos que necesitamos pensar en una educación propia para el campesinado.
¿Cómo fue el acompañamiento de la Unidad Solidaria en este proceso?

El acompañamiento comenzó a consolidarse desde finales de 2025. En noviembre tuvimos contacto con funcionarios de la Unidad Solidaria durante un espacio en el que socializamos el plan de vida digno del TCAM. Allí conocimos el trabajo que podían desarrollar con nosotros y recibimos su ofrecimiento de apoyo.
Posteriormente, durante este año, se abrió la posibilidad de realizar un proceso de formación en economía solidaria. La Junta de Gobierno acogió la propuesta y empezamos las capacitaciones, inicialmente de manera virtual.
Para mí el conocimiento nunca sobra. Aunque ya tenía experiencia en cooperativismo y soy asociado desde hace varios años a otra cooperativa, era importante que este conocimiento llegara a más compañeros y que quienes estaban construyendo la nueva organización pudieran conocer mejor el cooperativismo.
Ese proceso fue fundamental. Más de 40 personas terminaron certificadas y hoy tenemos una cooperativa que empieza a dar sus primeros pasos en nuestra región.
¿Qué sintió cuando finalmente se constituyó COOMUTCAM?
Una compañera me abrazó y me dijo: “Wilson, se nos hizo realidad el sueño”.
Y eso resume mucho de lo que ha pasado. Yo conocía el cooperativismo desde hace tiempo y mi sueño era que el TCAM pudiera contar con una cooperativa. Entonces verla constituida fue una alegría muy grande.
Ahora comienza otro camino. Somos conscientes de que esto apenas está empezando y que necesitamos organizarnos en la parte administrativa, definir políticas y construir un plan estratégico.
¿Qué esperan que sea COOMUTCAM dentro de unos años?
Primero, seguir demostrando que organizados somos más. Eso es independiente de la figura jurídica que adoptemos: tenemos que continuar con los procesos de organización, sensibilización y educación.
Tenemos un plan de desarrollo del TCAM que proyectamos a 12 o 15 años y allí hay dos elementos fundamentales: gobierno y economía propios. La cooperativa tiene que aportar a ese propósito.
Tenemos metas ambiciosas, pero sabemos que no se van a alcanzar por arte de magia. Se necesitan trabajo: trabajo y organización.
También queremos que la cooperativa tenga una visión sostenible. No queremos medir el éxito únicamente por el dinero o por el poder adquisitivo. Queremos que los recursos permitan fortalecer la producción, la educación y la protección ambiental.
¿Cuál es el mensaje que quisiera dejarles a los jóvenes y a las comunidades del territorio?
Que vale la pena quedarse.
Tenemos territorios maravillosos y tenemos que aprender a quererlos, cuidarlos y defenderlos. Ser campesino es un orgullo. Hay que reconocer también a esos campesinos y campesinas mayores que han dedicado toda su vida a trabajar la tierra y que nos han dejado este territorio.
Nosotros queremos construir para quienes vienen detrás. Queremos que las nuevas generaciones puedan recibir estos territorios con la riqueza y la biodiversidad que hoy tenemos.
Y para eso necesitamos organización.
No podemos seguir pensando únicamente en pedir. Tenemos derechos y también deberes. Tenemos que conocer nuestro papel como ciudadanos y construir nuestras propias alternativas.
COOMUTCAM nace en ese contexto: como una herramienta para organizarnos, fortalecer nuestra economía y seguir construyendo una vida digna desde el territorio.
Una cooperativa que comienza
Para Wilson Ordóñez, el reto ahora será convertir la organización en una herramienta efectiva para la economía de las comunidades que integran el TCAM, fortalecer la comercialización de sus productos y mantener la articulación con los propósitos colectivos del territorio.
Su historia personal también está atravesada por esa idea de servicio. Hijo de campesinos de Albán, creció trabajando con sus padres y posteriormente desarrolló una trayectoria vinculada a la administración pública, la asesoría territorial y la educación. Hoy combina esas experiencias con su actividad campesina y su participación en procesos comunitarios.
Desde esa experiencia, resume el desafío que tienen como cooperativa: organizarse para ser más fuertes.
COOMUTCAM comienza su recorrido como una apuesta colectiva que busca conectar producción, organización y economía solidaria con un proyecto más amplio de permanencia y vida digna en el territorio.

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