Enviado por alejandro el
8 de Septiembre del 2026
Doce años de Asoarcoarus, la asociación que ordenó el andén

Antes hubo un andén. Eso es lo primero que aclara Enrique Suárez cuando habla del mayor logro de la asociación que fundó: no una cifra, no un reconocimiento, sino el recuerdo del punto de partida. "Cuando comenzamos estábamos en el andén, no teníamos algo como una carpa, una mesa, una silla". Y luego, la frase que resume doce años de trabajo: "el principio fue la organización, estar dignamente organizados".
Enrique es socio fundador de la Asociación de Artesanos, Comerciantes y Artistas (Asoarcoarus), nacida hace doce años en el centro histórico de Usaquén con el propósito de organizar el espacio público. La asociación surgió, cuenta, "a raíz del desorden que existía con el tema de espacio público y ventas informales", y también con una segunda intención, menos visible pero igual de decisiva: interactuar con las entidades distritales. Hoy la define como pionera de los protocolos de aprovechamiento económico en Bogotá, y su labor, dice, consiste en apoyar a artesanos y emprendedores "que no tienen un espacio organizado para comercializar sus productos".
Actualmente son 32 emprendedores afiliados
Llegar a esos 32 fue un trabajo de largo aliento: "iniciar una asociación no es fácil cuando se hace de manera legal y jurídica". La empezaron junto a compañeros que eran vendedores informales, y muchos de ellos, admite, nunca se acogieron a la figura organizativa asociada.
La figura tiene exigencias concretas. Ser socio de una asociación legal implica que todo debe funcionar de forma autosostenible: cada uno aporta económicamente para responder ante la Cámara de Comercio y ante las entidades que regulan el sector. Varios de los fundadores no continuaron, "fueron indisciplinados con la figura legal", y terminaron yéndose.
De esa tensión entre la norma y la realidad de la calle nació una solución propia. Internamente miraron una figura nueva: la de los socios invitados, personas que sin cargar con todas las obligaciones formales pueden beneficiarse del objeto social de la asociación y estar con ellos. Fue una manera de no dejar a nadie por fuera del andén que ya habían ordenado.
Suárez habla sobre el papel que juega la asociatividad en un proceso así: “La solidaridad es fundamental en nuestra sociedad y la asociatividad también, ya que nos permite tener una respuesta organizada y colectiva frente a problemáticas como la informalidad y el espacio público”. 
Según Enrique, Asoarcoarus fortaleció a Bogotá siendo pionera en las figuras legales que regulan el cobro del espacio público. Es decir, no reclama una excepción a la norma, ayudó a construirla.
Enrique invita a las entidades distritales y nacionales a que vayan a terreno: "Al conocer ese tipo de proyectos se van a dar cuenta de los valores agregados que generan". A veces, dice, “uno puede buscarlos por redes, pero si quienes están directamente comprometidos con las entidades distritales y nacionales no vienen, es muy difícil que vean qué es lo que genera ese tipo de organizaciones". Suma una petición: apoyo económico a las asociaciones y a sus emprendedores, capital semilla, maquinaria para seguir creciendo.
Mientras tanto, la asociación evalúa proyectos para apoyar a más emprendedores en Bogotá y analiza si, con entidades nacionales y distritales, puede impulsar más ferias autosostenibles como la Galería de Usaquén. La aspiración la formula como un plan y como un deseo de llevar el proyecto a muchos lugares de Colombia.
La razón que lo sostiene, dicha desde su lugar de fundador, es ser un vínculo. "Nosotros podemos ser el puente para que emprendedores, artesanos y comerciantes se puedan organizar dignamente en el espacio público".
Esa razón tiene nombres propios. Uno de ellos es Benjamín Moña, de la comunidad indígena wounaan, del Chocó, y asociado de Asoarcoarus.
Su comparación entre el antes, el andén, y ahora, la galería, es directa. En la calle, dice, "es muy difícil, no hay organización, no hay seguridad". Aquí, en cambio, "donde hay una organización, uno está más seguro y los clientes vienen seguros". También cambia la mirada del comprador: en el ambulante, sostiene, no valoran las artesanías del mismo modo.
Sobre Suárez y la asociación, dice: "él me dio la mano cuando yo más necesitaba; si no fuera por él, mejor dicho, no sé dónde estaría".
Benjamín cuenta que cuando estaba en la calle trabajaba con tres artesanos: su familia y su suegra. Desde que trabaja en la organización, son quince familias las que están ayudando y también apoya a varias mujeres artesanas de su comunidad. "Ellos me ayudan y yo estoy ayudando ahí también".
Entre quienes llegan hay personas desplazadas, mujeres cabeza de hogar, viudas. De lo que él vende sale el pago para ellas: "de aquí ellos están sacando el arriendo, la comidita. Hay veces muy bien, hay veces un poquito también suave", pero, "estoy muy orgulloso por ayudar y apoyar a toda la artesanía".
El tercer testimonio llega desde otro oficio. Marco Antonio dirige “Marcos Marroquinería de Autor”, una marca de productos de cuero hechos a mano, personalizables y regidos por un principio: que no haya desperdicio. "Todos los residuos de cuero se utilizan al máximo, hasta la partícula más pequeña".
Llegó a la asociación buscando alternativas para comercializar. El panorama previo era el que describe Suárez desde el otro extremo: la mayoría eran informales en la calle, o pagaban costos excesivamente altos por un lugar. En Asoarcoarus encontró "un espacio digno para poder comercializar, darse a conocer y lograr que el transeúnte identifique dónde está la marca”.
La diferencia trabajando solo es radical. Antes eran la lluvia, el sol, la falta de garantías de electricidad y de comodidad para trabajar. También la seguridad: "en la calle uno se expone a muchas cosas; hay territorios y controles invisibles que a veces uno no entiende, pero los hay".
El efecto del trabajo asociativo, para él, no solo fue la estabilidad. La formalización con la asociación "ha permitido que como emprendedores nos motivemos a mejorar todo el tiempo nuestros productos y a posicionarnos más como marca". Por eso la llama una plataforma excelente para apalancar la marca, y remata con una invitación: “que otros emprendedores se asocien y que alguien asuma ese liderazgo en otros espacios, para que se creen este tipo de asociaciones e incentivar el emprendimiento y las empresas en Colombia".
Doce años después del andén sin carpa, sin mesa y sin silla, lo que Asoarcoarus muestra es una forma de estar. Un pequeño orden construido desde abajo, sostenido con aportes propios. Mientras tanto, sigue funcionando. Treinta y dos emprendedores. Un puente, como dice su fundador, hacia algo que él repite más que otra cosa: Dignidad.

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