Enviado por alejandro el
3 de Septiembre del 2026
El mapa del cuerpo y el territorio: un espacio para reconocernos y cuidar lo que nos sostiene

En el auditorio de la Unidad Solidaria, el equipo de Gestión Humana propició un espacio diferente para los gestores territoriales de Bogotá: “El mapa del cuerpo y el territorio”, una actividad pensada para hacer una pausa, salir por un momento de la rutina y reconocer aquello que muchas veces llevamos con nosotros mientras acompañamos a las comunidades.

A través del dibujo, la conversación y la reflexión colectiva, los participantes fueron invitados a preguntarse qué los sostiene, qué les duele, dónde sienten esas cargas y qué los motiva a seguir haciendo su trabajo. La propuesta también buscó romper con la idea de que todo debe hacerse de una determinada manera, incluso el dibujo, para permitir que cada persona expresara desde sus propias formas lo que vive y siente.

La actividad permitió poner sobre la mesa situaciones que hacen parte del día a día: dolores de cabeza, molestias en la espalda y el cuello, dificultades para gestionar las emociones, la sensación de que nunca es suficiente y la necesidad permanente de responder a múltiples responsabilidades. También apareció una reflexión común: no siempre podemos tener todo bajo control y reconocer nuestros límites también hace parte del cuidado.

Pero hablar del cuerpo también fue hablar de las razones que nos mueven. El compromiso con la entidad, con las comunidades y con los territorios; la responsabilidad de generar ingresos para sostener los hogares y las familias; y el deseo de aportar a procesos que buscan transformar realidades fueron algunas de las motivaciones compartidas durante el ejercicio.

Uno de los aprendizajes que dejó la jornada fue precisamente la importancia de reconocer lo que cada persona carga antes de llegar al territorio. Los gestores acompañan comunidades, escuchan historias y conocen de cerca diferentes luchas, pero también llegan a esos espacios con sus propias experiencias, preocupaciones y emociones.

Por eso, el ejercicio abrió una conversación sobre la vulnerabilidad, la empatía y la capacidad de reconocer al otro. A veces podemos asumir que alguien está bien sin saber realmente por lo que está atravesando. Preguntarnos cómo cuidar al otro implica también aprender a escucharlo, reconocer sus límites y comprender que detrás de cada persona hay una historia que no siempre vemos.

La actividad hace parte de una propuesta que busca llevar “El mapa del cuerpo y el territorio” a las comunidades, como una herramienta para abordar temas que, en ocasiones, pueden resultar densos, desde metodologías más cercanas, participativas y creativas. Para los gestores territoriales, este encuentro fue también una oportunidad para reír, conversar, escucharse y salir de la zona de confort, recordando que el trabajo por la economía solidaria también necesita espacios para quienes lo hacen posible.

Al final, quedó una invitación sencilla pero poderosa: ser agradecidos con el cuerpo que nos acompaña cada día, con nuestras manos, nuestros sentires y todo aquello que nos permite hacer nuestro trabajo; reconocer nuestras luchas y también saber cuándo necesitamos soltar.

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