Enviado por alejandro el
10 de Abril del 2026
El jardín de tejido solidario

En el sur de Bogotá, la localidad de Rafael Uribe Uribe parece, ante el forastero, un laberinto de asfalto empinado, donde el ruido de la ciudad se va diluyendo mientras uno se adentra. Allí está el barrio Marco Fidel Suárez, un lugar en que ese estrépito se detiene de golpe gracias a la organización comunitaria. La Fundación Aprende a Emprender es protagonista en este espacio de solidaridad: Un pequeño jardín que parece haberle ganado la partida a la urbe. 

Allí, el aire huele a plantas húmedas y café recién colado, y el silencio no es ausencia de ruido nada más, sino una invitación a respirar y a compartir comunitariamente.

En este oasis, la solidaridad se teje. Y se hace a través de las manos de una familia y una comunidad que han entendido que, en un mundo que corre, detenerse a cruzar hilos es un acto de rebeldía y de sanación.

Juan Camilo Beltrán, dinamizador de la Unidad Solidaria, se mueve por estas calles ayudando a construir las iniciativas separadas en colectivas para conseguir un impacto territorial. Para él, su labor es en realidad la de un tejedor de redes.

"Nosotros somos 20 dinamizadores a nivel territorial, y nuestra tarea es generar un trabajo a nivel colectivo (…) no buscamos tanto el fortalecimiento individual, sino cómo fortalecemos a nivel colectivo o grupal y como eso lo podemos llamar más tarde un impacto territorial ", dice. Su labor se extiende por los salones comunales y las mesas de trabajo donde se instaló, en el 2025, la Mesa de Economía Solidaria, Popular y Comunitaria. Esta es un "embudo" donde se agrupan 22 organizaciones, desde cooperativas hasta medios de comunicación alternativos.

Para la Unidad Solidaria el objetivo es que la "Medialuna del Sur" no sea solo un área geográfica, sino un modelo de autonomía donde las unidades productivas se nutran mutuamente en un Circuito Solidario amplio. "Buscamos generar capacidades y autonomía para que estas organizaciones se curtan en el proceso hasta llegar a la constitución legal, pero siempre bajo su propia voluntad y de manera solidaria y colectiva”. Camilo pone la estructura, pero el alma del proceso la ponen las manos que trabajan la tierra y el hilo.

Donde el alma se desenreda

Al entrar al espacio donde Marisol Olivos, lideresa de la Fundación Aprende a Emprender, hace sus talleres, la sensación térmica cambia. Es un rincón verde, un refugio que se pierde del ruido capitalino. El proceso de tejido a mano no es solo una labor mecánica; es una terapia sensorial en colectivo.

Productos de ese tejido solidario como bolsos o mochilas, llevan en sus nudos el tiempo y la paciencia de personas mayores que, en muchos casos, buscan compañía, solucionar problemas o simplemente compartir. En este jardín, esos mismos "viejitos" —como Marisol les llama con cariño— recuperan el sentido de la utilidad y la belleza.

Marisol observa el movimiento de las manos con una sabiduría clínica. "A medida que vas tejiendo, vas sacando todo lo negativo que tienes", dice. Su teoría es que el tejido es el espejo del alma. Explica que, en sus talleres, sabe exactamente cómo se siente una persona por la tensión de la hebra. Quien está relajado, teje suelto; quien carga una problemática de hogar o la angustia de una traición, jala el cordón con una fuerza inconsciente, apretando el nudo tanto como aprieta el corazón. En este jardín, tejer es como desenredar el alma.

Marisol es una mujer que habla siempre de cómo ayudar al otro. Su fundación, Aprende a Emprender, es el resultado de un camino de solidaridad. Un lugar de enseñanza de oficios, de construcción colectiva y de rescate de la dignidad. 

Marisol cuenta que la fundación se gestó en la amargura de las salas de espera del hospital. Allí, mientras su hijo pasaba largos periodos hospitalizado, vio el rostro del dolor: madres llorando por hijos con cáncer, discapacidades o enfermedades huérfanas. Mujeres que, en medio de la tragedia médica, no tenían un peso para el transporte o un bocado de comida.

"Ahí empecé a pensar cómo lo hacía. Empezamos con poquitas mamitas en el mismo hospital, enseñándole la una a la otra". Ese espíritu se trasladó luego al territorio, al barrio Marco Fidel Suárez. Marisol cree fervientemente que el "no" no existe. Para ella, lo solidario es la antítesis del egoísmo: "Si a mí me dieron primero, yo tengo que seguir yendo al grupo para que te den a ti, y luego al otro". Es un crecimiento en escalera, donde nadie sube el siguiente peldaño si no le da la mano al que viene atrás.

Un legado familiar

La labor de Marisol no es la de una mujer solitaria; es el proyecto de una familia entera. Ashley Olivos es una de sus hijas, y verla hablar es entender que el relevo generacional en Rafael Uribe Uribe está asegurado. Ashley tiene 18 años, cursa séptimo semestre de Derecho y lidera su propia organización: la Fundación Voces Unidas.

Pero Ashley no es la única. Sus hermanos también están volcados al trabajo comunitario, fortaleciendo el territorio desde diferentes frentes. El compromiso familiar nació de una vivencia compartida: el hermano mayor de Ashley estuvo internado desde pequeño en una institución de salud, y fue a través de sus ojos que todos conocieron a los niños que el sistema suele olvidar.

Ashley decidió enfocarse en los más jóvenes a través de actividades lúdicas, artísticas y espirituales, Ashley les devuelve la sonrisa a quienes ven la vida a través de un diagnóstico médico. Pero su labor también es técnica; como futura abogada, gestiona el fortalecimiento de emprendimientos juveniles, ayudando a jóvenes a formalizarse y a creer que su talento puede ser su sustento.

"Es saber ayudarlos, colaborarles en lo que necesitan", dice. Ella representa esa juventud que no quiere irse del barrio para triunfar, sino que quiere que el barrio triunfe con ellos.

El pequeño jardín del barrio, donde el ruido de la urbe se apaga, es la prueba de que se pueden construir oasis en el asfalto. Allí, Marisol, Ashley y sus hermanos y personas de la comunidad junto a dinamizadores como Camilo, construyen tejido solidario real e incidente.

Como dice Marisol, mientras el sol se oculta tras los cerros de Rafael Uribe Uribe, “el proceso solidario impacta el territorio porque va creciendo de familia en familia”. Empezaron dos, hoy son cientos. Y mientras haya un hilo por cruzar y un jardín por cuidar, las voces solidarias seguirán resonando, punto tras punto, hasta que el tejido de la comunidad sea tan fuerte que nadie pueda romperlo.

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