Enviado por mnunez el
27 de Octubre del 2026
Colanta: crecer en colectivo
Colanta: crecer en colectivo

La Cooperativa Colanta es un ejemplo de cómo la asociatividad puede convertirse en una plataforma para consolidar empresas competitivas, integrar cadenas productivas y generar valor para sus asociados y las comunidades. Con sede principal en Medellín y presencia nacional e internacional, su modelo reúne actividades de producción, transformación y comercialización de productos agropecuarios, conectando el trabajo rural con los mercados.

Según cifras de la cooperativa, durante 2025 registró ingresos por $4,68 billones y contó con una red integrada por 4.151 asociados productores, 2.767 productores no asociados y 7.919 asociados trabajadores. Esta estructura representa a más de 12.000 familias vinculadas a una organización que encuentra en el trabajo colectivo una base para su crecimiento.

Uno de los aspectos más relevantes de este modelo es su aporte a los pequeños productores rurales. Según información publicada por El Espectador, el 63,8 % de los asociados de Colanta pertenece a este segmento, que cuenta con servicios de asistencia técnica, mejoramiento genético, acompañamiento veterinario, formación empresarial y educación cooperativa. Estos programas buscan mejorar la calidad y la rentabilidad de las unidades productivas.

A este acompañamiento se suma una inversión social superior a los $140.000 millones durante 2025, destinada a educación, capacitación, fortalecimiento comunitario, promoción de iniciativas productivas y alimentación.

La cooperativa también promueve el relevo generacional mediante la formación, la tecnificación y la transferencia de conocimientos, con el propósito de incentivar la permanencia de los jóvenes en el campo y contribuir a la modernización del sector agropecuario.

Como reconocimiento a su gestión, Colanta fue incluida en el Top 12 del Índice de Inversión Social y Ambiental Empresarial (IISAE) 2026, durante la quinta Cumbre de Inversión Social y Ambiental Empresarial, realizada en Bogotá en julio de ese año.

Uno de los aspectos más relevantes del modelo de Colanta es la integración de sus asociados a la actividad económica de la cooperativa. De acuerdo con sus estatutos, la organización contempla el fomento de la producción agropecuaria, la aplicación de técnicas adecuadas, la recepción de productos de sus asociados y su posterior procesamiento y comercialización.

Para desarrollar estas actividades, la cooperativa puede contar con plantas de procesamiento, laboratorios, almacenes, agencias y otros establecimientos que facilitan la operación de su cadena de valor.

Esta capacidad organizativa permite comprender el alcance de una empresa solidaria cuando integra producción, conocimiento, infraestructura y acceso a mercados. Además de fortalecer su operación, este tipo de estructura crea condiciones para que los productores participen en una dinámica empresarial de mayor escala y encuentren oportunidades para desarrollar sus actividades económicas.

La participación democrática constituye otro elemento fundamental. En el modelo cooperativo, los asociados tienen derechos para intervenir en la administración, participar en las asambleas y ejercer mecanismos de control sobre la gestión económica y financiera. Así, las decisiones empresariales se relacionan con una estructura de participación que reconoce a los asociados como parte activa de la organización.

La experiencia de Colanta demuestra que el crecimiento empresarial y los principios solidarios pueden avanzar de manera complementaria. La integración de productores, la transformación agroindustrial, el acceso a mercados y la inversión social fortalecen las capacidades de la organización y contribuyen a generar oportunidades para las comunidades rurales.

Experiencias como la de Colanta permiten visibilizar el potencial de las organizaciones solidarias como actores empresariales capaces de crecer, consolidarse, innovar y generar valor económico y social. Desde la Unidad Solidaria continuamos trabajando para fortalecer estas empresas, impulsar la productividad, mejorar las oportunidades de los pequeños productores y promover un desarrollo territorial en el que la asociatividad sea una herramienta para construir economías más sólidas y sostenibles.

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