En las instalaciones del SENA, sede Picaleña, más de 100 líderes y lideresas rurales de municipios como Chaparral, Santa Isabel, Anzoátegui y Rovira se reunieron para trazar la hoja de ruta de la Red Solidaria Departamental de Zonas de Reserva Campesina (ZRC) en el Tolima. Este espacio, acompañado por la Unidad Solidaria, la Agencia de Desarrollo Rural (ADR) y la Agencia Nacional de Tierras (ANT), busca articular procesos territoriales enfocados en la economía solidaria y el desarrollo sostenible.
Durante la jornada, con delegados de 35 organizaciones del departamento, el trabajo se estructuró sobre tres objetivos principales: Primero, avanzar en la consolidación de la red solidaria por solicitud directa de las comunidades presentes.
Segundo, identificar los puntos nodales y las metas comunes de tres planes de desarrollo sostenible de la región. Este análisis abarcó cinco ejes fundamentales: el cultural, el ambiental, el social, el político-organizacional y el económico-productivo. Finalmente, el tercer punto buscó determinar qué entidades del subsistema 2 del Sistema Nacional de Reforma Agraria tienen la competencia para responder a estas necesidades, así como definir las acciones organizacionales y de movilización requeridas para la ejecución de los planes.
El encuentro también permitió abordar los retos actuales del territorio. En el marco de la implementación de la Ley 160 de 1994, los asistentes expusieron sus reparos frente a dinámicas extractivistas, como los proyectos hidroeléctricos y la minería de oro, debido a su impacto ambiental. Como alternativa, las comunidades propusieron impulsar la producción agroecológica, un enfoque que protege los ecosistemas, promueve la soberanía alimentaria y genera opciones económicas sostenibles para el campesinado.
Desde la Unidad Solidaria, acompañamos este nivel de organización que ya establece los criterios comunes para una segunda fase del proceso para que, con estos avances, el Tolima consolide un modelo de desarrollo rural sustentado en la cooperación y la solidaridad. Demostrando que las comunidades continúan tejiendo redes para transformar el campo colombiano desde sus propias dinámicas territoriales.

