de la asociatividad: “Unidas hacemos la diferencia”
En el corazón del corregimiento de El Aserrío, en Teorama, Norte de Santander, un grupo de mujeres campesinas está demostrando que la asociatividad puede convertirse en una herramienta poderosa para superar los flagelos del conflicto armado. Se trata de la Asociación Multiactiva de Mujeres Campesinas del Catatumbo, AMULMUCAMP, un proceso nacido de la convicción de mujeres que decidieron cambiar su historia. “Amulmucamp es una asociación que nace en el 2022, legalmente constituida el 11 de noviembre del 2025. Somos 15 familias, todas mujeres, desplazadas, víctimas del conflicto”, cuenta Luz Mery Franco, representante de la asociación y una de las voces que impulsan este trabajo asociativo en el municipio de Teorama. Desde su experiencia, relatar el origen de AMULMUCAMP es narrar una historia de resistencia, pues son mujeres que no solo sobrevivieron a la violencia generada por el conflicto, sino que eligieron organizarse para construir alternativas económicas viables y que construyen vida en el territorio. El plátano, cultivo que se convierte en motor de cambio En las tierras del Catatumbo, estas mujeres encontraron en el plátano una luz de esperanza para salir adelante. “Nosotras sembramos, producimos y transformamos el plátano, hacemos harina de plátano, la cual sirve para hacer coladas, cupcakes, torta, pan. Es multifacética, hacemos muchas cosas con la harina de plátano”, explica Luz Mery. Ese conocimiento, logrado por el trabajo en equipo, se convirtió en el eje productivo de la asociación. Lo que comenzó como una iniciativa entre dos o tres mujeres, hoy es un proyecto consolidado con 15 integrantes activas: “Un día decidimos asociarnos… Hoy estamos 15 activas, trabajando. Es una forma de empoderar a la mujer”. Para ellas, la harina de plátano es más que un producto: es un símbolo de transición hacia economías lícitas y sostenibles. “Es una forma de transformar y cambiar los cultivos ilícitos y demostrarle a la gente que la unión hace la fuerza. Yo siento que unidas podemos hacer la diferencia”, afirma Luz Mery, convencida de que su trabajo es también un mensaje de reconciliación para el territorio. El camino no ha sido fácil. Las distancias, la falta de infraestructura y la ausencia de maquinaria han limitado el crecimiento del emprendimiento. Por eso, la asociación participa actualmente en una convocatoria del Fondo Mujer – Economías del Cuidado, donde esperan obtener equipos que no solo faciliten su producción, sino que les permitan avanzar hacia la comercialización. “Para nosotros sería muy importante que nos llegara ese proyecto… no contamos con utensilios ni maquinaria. Emprender no es fácil, son muchos factores los que se dificultan, pero hay que luchar para llegar donde uno quiere”, asegura. Acompañamiento, capacitación y oportunidades desde la Unidad Solidaria En este proceso, la Unidad Solidaria ha sido una aliada fundamental. Para AMULMUCAMP, el acompañamiento institucional ha sido clave para fortalecer su organización y visibilizar su trabajo. “La Unidad Solidaria ha sido muy buena, siempre estamos ahí de la mano, siempre acompañando a las ferias campesinas, que para nosotros los emprendedores es de gran importancia… La Unidad Solidaria está acompañándonos, fortaleciéndonos con talleres, capacitándonos día a día y súper excelente”, destaca Luz Mery. Gracias a este apoyo, la asociación ha participado en espacios comerciales y formativos que les permiten interactuar con otras organizaciones, aprender de nuevas experiencias y posicionar sus productos en escenarios regionales. Hoy por hoy, AMULMUCAMP representa lo que sucede cuando la asociatividad se convierte en una herramienta de transformación del territorio, cuando mujeres víctimas del conflicto se levantan, crean tejido productivo-asociativo y siembran futuro en un territorio marcado por la adversidad.

